top of page

Create Your First Project

Start adding your projects to your portfolio. Click on "Manage Projects" to get started

Pabellón Casa Nera

Tipo de proyecto
Trabajo y Descanso
Fecha
2026
Ubicación
Atlixco, Puebla
Rol
Diseño arquitectónico

El Pabellón Casa Nera está ubicado en el club campestre El Cristo en Atlixco Puebla, este proyecto surge como una intervención complementaria a una vivienda diseñada años atrás por el arquitecto Elías Adam (D.E.P.). El encargo consistió en desarrollar un pabellón independiente que albergara dos funciones distintas pero complementarias: un estudio de arquitectura y una sala de SPA (destinada al bienestar físico, el ejercicio y los masajes).

La vivienda principal se ubica al frente del terreno, acompañada por un jardín, una alberca en el área central y una habitación de huéspedes en la parte posterior. El espacio disponible para la nueva intervención se localizaba en la esquina posterior derecha del predio, una condición que lejos de representar una limitación se convirtió en una oportunidad para reforzar la organización espacial del conjunto.

Una de las primeras decisiones de diseño fue pegar el nuevo pabellón junto a la colindancia noroeste, orientada hacia la carretera federal Puebla–Izucar de Matamoros. De esta manera, el edificio funciona como una barrera física que mitiga el impacto acústico del tránsito vehicular sobre los espacios exteriores y sobre la propia vivienda, se protege del sol poniente y se establece una relación geométrica y compositiva con la habitación de huéspedes existente, generando una lectura ordenada entre ambas piezas arquitectónicas.

Mientras el volumen del cuarto de huéspedes presenta una fachada ciega con un muro de piedra hacia la alberca y el jardín, el nuevo pabellón adopta una condición opuesta: una envolvente ligera de vidrio y acero que se abre completamente hacia el paisaje interior de la casa. Esta decisión permite que el estudio y la sala de spa se apropien visualmente del jardín, la alberca y de la fachada posterior de la casa principal, incorporando dichas vistas como parte de la experiencia diaria de sus habitantes.

El proyecto encuentra uno de sus elementos más significativos en un gran árbol de pirul existente entre ambos edificios. Más que un elemento paisajístico, el árbol se convierte en el punto de transición entre dos arquitecturas de lenguajes distintos: la solidez de la piedra volcánica del volumen existente que habla de permanencia y la ligereza transparente del nuevo pabellón que experimenta la levedad al ser elevado por encima del nivel de suelo. La presencia de este magnífico árbol articula visualmente el conjunto y contribuye de manera decisiva al comportamiento ambiental del edificio mientras va generando una experiencia espacial que cambia a lo largo del día conforme la luz atraviesa la copa del árbol y se proyecta sobre los interiores.

Desde el punto de vista constructivo, el proyecto parte de una lógica de aprovechamiento de los elementos existentes. En el sitio permanecían un par plataformas de concreto y un muro de piedra previamente construidos. En lugar de demolerlos, se decidió incorporarlos a la nueva propuesta, reduciendo intervenciones innecesarias y aprovechando recursos ya presentes. Esta estrategia permitió elevar parcialmente el pabellón sobre el terreno y generar un volumen que parece despegarse del suelo.

La nueva construcción rebasa deliberadamente el paramento del muro de piedra existente mediante un volado de aproximadamente noventa centímetros que pareciera quiera alcanzar la casa. Lejos de ocultar esta condición, el proyecto la enfatiza como un gesto compositivo que refuerza la sensación de ligereza estructural y de suspensión del volumen sobre el jardín.

En el interior, el programa se organiza en dos espacios independientes que comparten un muro central. El estudio de arquitectura incorpora el antiguo muro de piedra, completado hasta la losa y convertido en un elemento protagonista del espacio de trabajo. Algunos muros interiores fueron resueltos con acabados de concreto aparente, reforzando una materialidad honesta y sobria que permite que la luz, las vistas y las texturas naturales sean las protagonistas.

La orientación del edificio y la presencia del pirul permiten un comportamiento climático particularmente favorable. La fachada principal, orientada al noreste, recibe una iluminación suave durante las primeras horas del día. Conforme el sol asciende, la copa del árbol proporciona sombra natural sobre los cristales, reduciendo la incidencia directa de la radiación. Durante la tarde, la posición del pabellón respecto al poniente minimiza las ganancias térmicas, favoreciendo condiciones de confort sin depender de estrategias tecnológicas complejas.

Más allá de resolver un programa específico, el proyecto busca demostrar cómo una intervención contemporánea puede integrarse respetuosamente a una arquitectura existente, estableciendo una relación mediante el constraste y un diálogo con el paisaje. El resultado es un espacio de trabajo y contemplación donde la arquitectura, la naturaleza y la luz construyen una atmósfera, más allá de serena y equilibrada, de equilibrio entre un ambiente natural y un ambiente construido.

bottom of page